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La Imagen del Charro

Actualizado: 16 de may de 2019



La Imagen del Charro


La imagen del Charro ha dado la vuelta al mundo y es reconocida en todas partes como propia de México, ésta consiste en un varón que usa un traje propio para montar a caballo, un sombrero de ala ancha y que lleva una soga además de una pistola. El Charro es representante de los pobladores de la región occidental de México, específicamente de Los Altos de Jalisco, región en la que se presume que el amor por la Charrería anida en lo más íntimo del corazón de cada uno.


El Charro, jinete nacido de la dimensión agro ganadera, también porta con orgullo prendas invisibles, sin embargo, invaluables: la idea romántica de la libertad, la trashumancia y la vida en el campo.


A pesar de ser nacido en México, esta imagen presenta profundas raíces en Andalucía y Salamanca y rasgos heredados de los jinetes árabes. Sus hermanos divergentes: El gaucho y el llanero. Charro, gaucho y llanero comparten un carácter apasionado, celoso, vehemente, rápido y sentimental, y especiales cualidades artísticas: la facilidad para hacer versos, interpretar canciones y la presencia de una musa “descriptiva y patriótica”, refugiándose los tres en “el corazón” de su patria ante la amenaza “de los embates cosmopolitas” para defender su identidad y preservar sus tradiciones.


Podemos apreciar la importancia de la charrería en el plano cultural y en la producción de la identidad nacional. Su riqueza estriba en la gran cantidad de registros simbólicos que condensa, entre los que resalta una dimensión estética importante, que incluye expresiones artesanales y artísticas como la talabartería y la fustería; la música de mariachi, el baile, la literatura, la pintura, la poesía y otras, tales como la gastronomía y un importante nexo con la producción del tequila, como bebida nacional.


Además de los elementos anteriores, que son de importancia en la construcción del discurso nacionalista, en un sentido más amplio y popular, la charrería es “el deporte nacional”, que permite probar la destreza, la fuerza y el dominio que el Charro tiene sobre los animales, así como exhibir la calidad del ganado en los espectáculos festivos llamados Charreadas o fiesta Charra. Se dice que las suertes que se realizan actualmente en éstas “vienen a ser las mismas faenas realizadas en el campo, pero embellecidas por el arte”

En conclusión, puede decirse que, en términos generales, hay dos maneras —a veces opuestas, pero la mayor parte de las veces pretendidamente complementarias— de entender la Charrería: como una tradición y como un deporte. Podría aventurarse que el Charro, como se conoce ahora, es un producto puente entre la tradición perdida y el deporte inventado a principios del siglo XX.


El Charro ha pasado del medio rural, a ser parte de una práctica deportiva, organizada y emocionante. En la figura final de este proceso, se han condensado distintos elementos visibles a cualquier ojo: el caballo, el cuero, el sombrero, la soga, el arma de fuego, y también elementos invisibles, pero ciertamente, presentes: un quehacer, una estética y, también, una ética.

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